Todos colgados
En estos días que he vuelto de las primeras vacaciones de este año, el calor me ha pegado de lleno en toda la geta, las ganas de hacer algo se esfumaron o las dejé olvidadas en la Plaza Roja de Moscú.
La vuelta al trabajo me recuerda que es la época de la frase mas usada de la humanidad:
- ¿qué tal las vacaciones? – dicen unos
- Muy cortas, como siempre – responden otros.
En casa, paso las tardes medio dormitando frente a una pantalla de una televisión Philips que amuerma hasta al propio directivo de cada cadena. Y al girar la cabeza y asomarme a la ventana lo veo claro… estamos colgados.

Hoy estaba en el límite de la supervivencia sin salir a la calle de compras, la despensa me mostraba las olvidadas paredes de los armarios pidiendo a gritos al menos algunas rebanadas de pan para untar un paté de finas hierbas -por supuesto Casa Tarradella (como las de casa)- y algunas bebidas para pasar estas angustias veraniegas.
Tengo proyectos en la cabeza que debería haber empezado a emprender en verano, pero no tengo ahora mismo muchas ganas, quizás mañana desde el trabajo hagamos algo mas.
Ahora las miras están en dos cosas: escribir algo sobre el viaje de 7 días a Rusia y preparar la siguiente salida a final de este nuevo mes a Roma.