Una semana no soñada

Quizás fue el cansancio que se fue acumulando con cierta presión desde el viernes anterior. Terminé la semana con una noticia en principio inesperada pero que ya algunos nos veníamos oliendo. Tenía hasta el lunes para decidir sobre mi nueva línea de trabajo, en el mismo departamento y con la misma gente, pero con proyectos distintos.

El lunes nos recogieron en el Bernabeu antes de las 8 de la mañana, y a las 11 ya estábamos con los arneses puestos y alguno ya colgaba de un árbol en Cercedilla. Eran las 14:00h cuando acepté finalmente por teléfono el cambio de dedicación en el trabajo, ya me temía un miércoles complicado también.

El martes dejamos el campo por unas clases que no se hicieron largas, si no mas bien entretenidas y a media tarde, con casi una hora de retraso llegábamos de nuevo al Paseo de la Castellana.

El miércoles pasó rápido entre lecturas y preparativos del viaje del jueves, no fue lo imaginado.

Barcelona siempre me ha gustado, pero la gente con la que tuve que tratar el jueves a 60km de la capital catalana parecían haber sido seleccionadas para provocar. Al final siempre encuentras a gente que te apoya y ayuda. Por lo menos pude animarme mientras veía la Sagrada Familia y Park Güel desde el avión desvanecerse entre la bruma del día. Nos veremos el próximo sábado, seguro. Cuando aterrizaba en mi casa por la tarde no paraban las sorpresas, ahora erán sobre habitantes equivocados.

El viernes terminó conmigo mas derrotado que vivo, extendiendo reuniones mas allá de las típicas horas de trabajo.

Aún recuerdo el resonar inquietante del silencio del lunes, colgado de un árbol, rodeado de naturaleza, cuando soñaba en una semana tranquila, donde lo mas preocupante era que había de cenar.

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