Estamos rodeados de medios de comunicación y en todos ellos aparece en portada a diario el tema de la crisis o al menos una noticia sobre problemas económicos graves en empresas.
Hemos pasado en Paris 4 días a un nivel normal, un viaje contratado con una agencia con hotel de tres estrellas y con traslados de entrada y salida incluidos. También podemos asegurar que no hemos pasado hambre y visitamos todos los museos y monumentos importantes. Afirmamos que había españoles en cada esquina, en cada tienda, en cada cafetería y en cada rincón de la Torre Eiffel.
Con esto no digo que no haya gente que lo esté pasando mal, es mas, los expedientes de regulación de empleo me tocan cerca como para no poner las barbas propias a mojar cuando vemos la de los vecinos peligrar.
Los despidos, las no renovaciones de contratos y las faltas de inversiones están aumentando de forma imparable la lista de parados, tal y como ya publicó el Gobierno hace unos días, proporcionando un dato muy malo.
Pero hay cosas que parece no importar. O al menos no se valoran lo suficiente frente a otras. Me refiero por ejemplo a las largas colas que recorren las calles madrileñas en la zona centro, las manzanas de edificios rodeadas por una fila interminable de gente por Gran Vía para comprar un décimo de lotería de Doña Manolita o incluso la gente que abarrota noche tras noche restaurantes y hasta discotecas.
Escuchaba en la televisión mientras comíamos, como una mujer rodeada por sus dos hijos y su marido delante del Oso y El Madroño, que los reyes no se perdonaban, que en estas fechas hay que tener cuidado con los gastos, pero los Reyes son los Reyes.
El centro de Madrid sigue atascado de forma permanente tarde tras tarde: madres, padres e hijos suben y bajan por todo Preciados con bolsas en la mano o con la carta de los deseos ya pensada para que quien sea, haga verdadera magia con la Visa.
Entre el abarrotado medio de transporte subterráneo de Madrid, asoman varias manos con un aparato que hemos visto durante todo el verano en la televisión: el iPhone, que muestra páginas web, reproduce música e incluso se convierte en una consola de videojuegos.
Sin embargo, al asistir al supermercado me quedo estupefacto: las marcas y productos de siempre están allí, en las estanterías, sin embargo las marcas blancas están arrasadas. Tenemos ese seudo lavador de platos verde que dura la mitad y no hace jabón, ese limpiador de suelos que solo produce espuma y no limpia, latas de conservas con productos de muy poca calidad, incluso parecen los restos de las latas de marca, las servilletas son mas finas y se rompen y el papel del baño parece una lija.
En España no estamos acostumbrados a tener que apretarnos el cinturón. Tal vez, en otra época sí, tal y como nos cuentan los libros y nuestros mayores. En la actualidad, tras la transición española, hemos ido creciendo y acomodándonos a un nivel de vida del que no queremos renunciar. Y así nos pasa.
En estas navidades en muchas mesas no habrá langostinos ni cochinillos ni a lo mejor cava, eso sí, en la puerta de casa tendremos el BMW para que lo pueda ver todo el vecindario.